Skater Boy: Capitulo 40 [Parte 2]
Skater Boy: Capitulo Final.
“¿Quieres escaparte conmigo?”
Me preguntó Danny al oído mientras bailábamos en la fiesta de casamiento de Dougie y Camila. Lo miré sorprendida ante tan repentino comentario. “Iría hasta el fin de la galaxia contigo.” contesté. Sonrió y me arrastro fuera de la pista de baile.
***
El cantar de los pájaros me despertó de un profundo y regenerador sueño. Tanteé la cama en busca de mi hermoso pecoso pero solo encontré aire. Abrí los ojos despacio para que ellos se acostumbraran a la claridad del día y busqué mi bata. Las ventanas se encontraban abiertas dejando entrar una suave brisa, que me hacía saber que era otro día hermoso en la isla. Me até el cinturón de la bata de baño y fui hacia la cocina en busca de algo para desayunar. A mitad de camino, pisé accidentalmente un papel.
“Buenos días, dormilona. Seguro te estarás preguntando porque no estoy allí contigo pero no te lo puedo decir. Lo único que te voy a pedir es que confíes en mí, sin importar qué. Ahora sigue tu camino a la cocina y desayuna.
Te ama, Danny.”
Doblé la nota y la guardé en uno de los bolsillos de la bata. Sonreí ante tal lindo gesto pero aún seguía sin entender de qué se trataba todo eso. Haciendo caso a lo que decía la nota, confié en mi novio y fui a desayunar. Hice varios pasos y ya me encontraba dentro de la espaciosa cocina de nuestro temporario hogar. Caminé hasta la alacena, saqué un tazón acompañado por la caja de cereales y los vertí dentro. Fui a la heladera en busca de leche y llené mi taza hasta arriba. Guardé nuevamente el cartón y me encaminé a la barra del centro de la habitación. Mientras desayunaba tranquilamente algo llamó mi atención en una de las ventanas laterales, me acerqué y era otra nota.
“Ahora que tienes el estomago lleno, quiero que te duches y estés lista para salir. Un auto pasará por ti a las 3 de la tarde para llevarte a un spa. ¿Acaso no soy genial?
Te ama, Danny.”
Miré el reloj por primera vez, este marcaba diez minutos pasadas las doce del mediodía. Eso significaba que en menos de tres horas me pasarían a buscar según lo que Danny había escrito. Nuevamente sonreí, todo era muy raro pero sí mi novio se había tomado el tiempo para planear algo así entonces valdría la pena el desconcierto. Me dirigí al baño y entré a la tina para una ducha caliente. El clima de la isla era hermoso pero nunca viene mal ducharse con agua caliente para relajarse. Lavé mi pelo mientras cantaba una canción de Justin Bieber, al darme cuenta de lo que hacía maldije a Poynter por habérmela pegado. Salí de la ducha y fui a la habitación para cambiarme. Elegí un jean y una camiseta marga corta con una calavera en ella, podría tener casi 26 años pero gustos son gustos.
Al finalizar de cambiarme, fui a la sala de estar a mirar un poco de televisión. Recién eran la una y faltaba mucho para que me recogieran, tenía que distraerme con algo. Me desplomé sobre el gran sillón de color blanco y busqué el control remoto, presioné el botón de encendido y me encontré con otro pedazo de papel pegado en el extremo derecho de arriba de la pantalla plana.
“Te dejé preparado algo para que veas mientras esperas que Roger pase por ti. Estoy 110% seguro de que te va a encantar, solo presiona el botón de “play”.
¿No hace falta que te diga que te amo, no?”
Se me llenaron los ojos de lágrimas, casi lloro como idiota. Tenía al novio más perfecto y atento que cualquiera pudiese pedir. Sonreí mordiéndome el labio inferior y pulse el botón que me había indicado. La película que empezó fue “Lo que el viento se llevó.” ¡Mi película favorita! Este día cada vez se estaba volviendo más interesante. Me acomodé bien en el sillón, estiré mis piernas sobre la mesa ratona que tenía enfrente de mí y me dediqué a disfrutar de la película. Otra cosa que llamó mi atención nuevamente fue la caja de pañuelos descartables arriba de la mesa, no recordaba que estuviese allí la noche anterior. Sí eso fue idea de Danny, se lo agradecía, ya que derramaba millones de lágrimas con esa historia.
Un bocinazo hizo que me sobresaltara, pausé la película que ya se encontraba por la mitad y miré mi reloj pulsera. Las agujas marcaban las tres en punto. Otro bocinazo. Me levanté y miré por la ventana. Un hombre de traje esperaba de brazos cruzados junto a un gran deportivo de color azul en el porche. Tomé mi abrigo del closet del lado de la puerta principal y salí.
-Buenos días. –me dijo el hombre con una gran sonrisa en su rostro. –Mi nombre es Roger y hoy voy a ser su chofer. –me extendió su mano y le respondí el saludo.
-Hola. –dije medio tímida. –Con que tu eres Roger, capaz me puedas explicar de qué se trata todo esto. –comenté con una media sonrisa para tratar de que soltara algo.
-El señor Jones me pidió exclusivamente que no comentara nada. –dije en tono apenado. –Lo siento pero el manda.
Mientras pronunciaba esas últimas palabras, abrió la puerta trasera del lado izquierdo invitándome a subir al vehículo. Confiando en que eso sería lo que Danny quería, subí sin protestar. Noté un sobre pegado en el cabezal del asiento del acompañante con mi nombre, lo despegué y saqué el papel que había dentro.
“Ya conociste a Roger, un gran tipo. Necesito que confíes en el, te va a llevar a todos los lugares que yo personalmente le pedí que te llevara. Ahora se dirigen a un spa muy conocido del lugar. Espero que lo disfrutes y te relajes. Preocupaciones fuera.
Te amo más (sí es que eso es posible), Danny.”
Guardé de nuevo el papel y me di cuenta que ya estábamos en camino. Traté de hablar un poco con mi nuevo conocido Roger pero no era un hombre de muchas palabras. Al llegar al spa, quedé sin habla. Aquel lugar era el paraíso. Me recibió una muchacha de temprana edad y me dirigió a una de las habitaciones para que me cambiara. Al parecer, Danny ya había elegido mi programa del día: empezaría en el sauna, seguiría con un baño de inmersión, después visitaría al masajista y terminaría con una clase personalizada de gimnasia relajante (creo que era yoga pero tenía otro nombre raro). La chica que me recibió toco la puerta de mi habitación, me avisó que mi sesión ya comenzaba.
***
-¿Cómo te sientes? –dijo Roger al verme salir del predio. Suspiré.
-Siento como si estuviese volando. –reí. –No te puedo describir con palabras lo bien que me siento en estos momentos. –ambos reímos mientras él me abría nuevamente la puerta trasera.
-Toma. –dijo antes de que cerrara la puerta. –Te lo envía Daniel.
-Oh, gracias. –contesté mientras agarraba el sobre.
“Daniel”. Que feo que sonaba, reí ante tan malvado comentario y abrí mi carta. ¿Cuántas cartas y notas tenía hasta el momento? ¿Cuatro o cinco, quizás? Y las iba a guardar a todas. Abrí el papel curiosa de saber sí por fin me revelaría la razón de todo esto.
“¿Cómo te sientes? Las manos de Christopher son milagrosas ¿no crees? Pero no te encariñes demasiado sino voy a tener que empezar a ponerme celoso. En fin, ahora Roger te llevará de compras. El te acompañara a todas las tiendas, ya conoce el recorrido. Ojala te guste lo que tengo preparado para ti.
Te ama, Danny.
Posdata: Capaz esta sea mi última carta.”
-¿Última carta? –susurré. Miré a Roger y pregunté. -¿Tienes más cartas además de esta?
-No, señora. –dijo con la vista al frente.
-No me digas señora, suena… mal. –dije. –Como si yo fuera tu jefa y tu un simple empleado. –lo miré por el espejo retrovisor, noté que el también lo hacía. –Dime Ornella. –sonreí.
-De acuerdo, señora… em, digo, Ornella. –dijo riendo.
Ya habíamos llegado a la parte céntrica de la isla. Roger se estacionó en una de las calles paralelas a la principal y bajó para abrirme la puerta.
-Realmente no tienes que hacer eso. –dije cuando salía.
Mientras el cerraba todo lo escuché balbucear algo como “Es mi trabajo” pero no logré entender. Me pidió que lo siguiera y eso hice. Caminamos hasta la calle principal y Roger paró para sacar un papel de adentro del saco de su traje. Leyó algo, miró hacia los letreros de las tiendas, asintió y me pidió que lo siguiera nuevamente. Hicimos varios pasos y entramos a una tienda, de la cual no sabía el nombre pero apenas puse un pie adentro, me enamoré de absolutamente todo. Una chica jovencita se acercó a nosotros y fue Roger quien habló.
-Venimos de parte de Danny Jones. –dijo directamente.
-Oh, claro. –dijo la chica. -¡Los estábamos esperando! Síganme, por favor. –caminó varios pasos y giró para mirarme. –Mi nombre es Melanie, por cierto.
-Ornella. –dije amablemente.
Caminamos hasta el fondo del local hasta unas escaleras y luego subimos. De afuera el lugar no parecía tan grande pero por dentro, era gigantesco. En el segundo piso, logré divisar unos cambiadores de importante tamaño. Melanie me tomó del brazo de repente y me empujó dentro de uno amablemente. Me pidió que la aguardara unos instantes y que me vaya desvistiendo. “¿No debería invitarme a cenar primero?” pensé y reí de mi propio chiste. Luego de unos instantes, la jovencita apareció con unas bolsas entre los brazos. Entró al cambiador y colgó las bolsas de los ganchos que había en las paredes.
-Cada bolsa contiene un conjunto. –dijo mientras sacaba la ropa. –Danny me pidió que te probaras los cuatro conjuntos y que eligieras el que más te guste. –y me dejó sola.
Conté las bolsas y eran cuatro en total, en dos de ellas había vestidos muy diferentes entre sí y en los dos restantes, un traje de pantalón y otro con pollera. Fui directo a uno de los vestidos, lo descolgué y me lo probé. Fue amor a primera vista.
-¡Me llevo este! –grité.
***
Al salir de la tienda, tenía dos bolsas: una con el vestido que había elegido y la otra con el par de zapatos a juego. Me dirigía de nuevo al auto cuando Roger me tocó el hombro repentinamente.
-¿Adonde crees que vas? –dijo en tono de burla. –Todavía no terminamos.
***
Llegamos a la casa a las diez y cuarto pasadas de la noche, se encontraba todo apagado. No prendí ninguna luz ya que la luz de la luna era suficiente. Roger me ayudó con las bolsas y mi abrigo. Me acompañó hasta adentro de la casa y dejó las bolsas del día. Luego de la tienda, me había llevado al estilista donde me peinaron y maquillaron. Traté de preguntarles a todos porque debía peinarme diferente e incluso maquillarme pero no obtuve respuesta alguna. Parecía que todos se habían puesto de acuerdo para no decirme nada.
-Gracias, Roger. La pasé genial hoy. –agradecí con una sonrisa.
-Aunque no lo creas, yo también. –sonó sorprendido. –Pero el día no termina. –me guiño el ojo.
-¿A qué te refieres? –Roger volvió a meter su mano dentro del saco y extrajo una nueva carta. –Oh, claro.
-Sí. –sonrió. –Un placer conocerte. –me saludó con la cabeza y se fue.
Yo lo quedé mirando desde el umbral de la puerta. Puede que no lo conociera bastante pero se había portado como todo un caballero ese día. Cuando finalmente se fue, cerré la puerta detrás de mí y abrí el sobre que me había entregado antes de irse.
“Hola, mi amor. Ya debes estar en casa lista para una tranquila velada. Sí no estás cambiada, hazlo que a las once, finalmente paso por ti. Seguro todo este día te pareció muy raro pero todo tiene un porqué. Te pido nuevamente que me tengas paciencia, vas a ver que valió la pena todo esto. No puedo esperar a tenerme ya conmigo.
Te ama, Danny.”
Sonreí nuevamente ante la ternura de mi novio. Tomé las bolsas que había dejado Roger en el pasillo y fui hasta la habitación a cambiarme. El vestido que había elegido era de color negro, que se ajustaba a mi cuerpo dejando a la vista mi pequeña figura. En cierta parte me recordó al vestido rojo que había utilizado la noche que salimos a bailar con Danny y sus compañeros de banda, aquel fin de semana en la playa. Recordar aquella vez hizo que se me pusiera la piel de gallina. Me despojé de esos pensamientos y me coloqué los delicados zapatos que Melanie me recomendó usar. Estaba acomodándome el peinado cuando escuché abrirse la puerta de adelante.
-¿Orne, mi amor? ¿Estás acá? –preguntaron.
-Danny. –dije con emoción. Corrí hasta su encuentro y me eché en sus brazos. –Te extrañé, Danny. ¿Dónde estabas? –pregunté mientras lo besaba por primera vez en el día y notaba su atuendo. El también llevaba traje.
-Sorpresa. –dijo con una sonrisa. Me dio otro tierno beso. –Vamos, la comida se enfría.
-¿Compraste comida? –pregunté.
-¿Comprar? –soltó una risa exagerada. –Por favor, estás hablando con el chef Jones.
-Cierto, lo olvidé por completo. –bromeé. Danny se acercó y me volvió a besar.
-Ahora te pido un último favor. –dijo. Yo solo lo miré. –Te voy a tapar los ojos, quiero que sea una sorpresa ¿de acuerdo?
-Uhm, de acuerdo. –dije dudosa.
Danny se acercó a mí por detrás, pegó su cuerpo junto al mío y colocó sus manos sobre mis ojos. Comenzó a caminar, lo cual hizo que yo lo hiciera también. De a momentos podía sentir su respiración en mi cuello y eso provocaba que quisiera darme vuelta para despojarlo de su ropa de una vez por todas pero traté de ser fuerte, solo por ahora.
Habíamos estado viviendo en la casa de la isla casi una semana. Al día siguiente de la boda de mi prima y Dougie, fuimos al aeropuerto y sacamos pasajes hacia Islas Vírgenes. Un lugar hermoso, no quería irme más de allí. Era el paraíso y más si lo compartías con una persona como Danny.
-Llegamos. –dijo sacándome las manos de la cara y prendiendo la luz de la habitación.
Estábamos en el comedor pero no era el mismo que yo había visto esa misma mañana. Estaba totalmente cambiado. Sobre la mesa había platos, vasos y cubiertos solo para nosotros dos y estaba decorada por un hermoso y delicado candelabro, el cual contenía tres velas encendidas. Había pétalos de flores desparramados sobre la mesa y el piso. Sonreí. Me encaminó hasta mi lugar y me ayudó a sentarme.
-Esta noche quiero que sea única, como vos. –besó mi frente y se dirigió a la cocina.
Trajo un gran plato con carne y reí al darme cuenta que era.
-¿Dónde aprendiste a hacer asado? –pregunté.
-Llamé a mi querido suegro y le pregunté. –dijo en tono orgulloso.
Se acercó a mí y me sirvió un gran trozo de carne y lo acompaño con papas, luego se sirvió él. Descorchó un vino que ya había sobre la mesa y me sirvió un poco en mi copa. Se sentó en su lugar y comenzamos a comer. Luego de un rato, decidí romper el silencio.
-Aún no me dices a que se debe todo esto. –dije limpiando mi boca con una servilleta.
-¿Hace falta que sea una ocasión especial? –preguntó. -¿Acaso no puedo tener una cena romántica con mi hermosa chica?
-Sabes que no me refiero a eso. –comenté. –Es que tiene que haber una razón por la cual me hayas preparado todo este día. ¡Y no me quejo! –aclaré de antemano. –Me pareció muy tierno de tu parte.
Danny se levantó de su lugar y se agacho al lado mío hasta que nuestras caras quedaron en la misma altura. Lo miré directamente a los ojos.
-¿Me acompañas a afuera? –preguntó para mi sorpresa.
-Claro. –asentí con la cabeza y lo seguí hasta el balcón.
Salimos afuera y la brisa veraniega rozo mi rostro. Danny hizo que me girara para quedar cara a él y de espaldas al mar.
-¿Recuerdas la primera vez que nos conocimos? ¿Qué chocamos uno con el otro y casi me dejas sin dientes? –reí y asentí. –En ese momento, yo recién salía de una gran separación y la verdad que no tenía muchas razones para vivir. No quería salir de mi casa, nada ni nadie lograba captar mi atención. Y luego apareciste tú, como por arte de magia y me pareciste todo un misterio y lograste tener toda mi atención en ti. Juré que haría todo lo necesario para volverte a ver y haberte encontrado esa misma noche en el club, me hizo llegar a la conclusión que tal vez no era solo una coincidencia, que te conocí por algo. Como dije antes, eras todo un misterio y estaba más que dispuesto a investigar, quería saber todo sobre ti. Llegué a pensar que habías sido enviada para salvarme. ¡Y vaya que lo hiciste! –me tomó la cara con ambas manos y continuó. –Estar junto a ti me cambió la vida, tú me cambiaste completamente. Ahora me levanto cada mañana con una sonrisa en el rostro porque sé que voy a poder pasar tiempo contigo, porque a pesar de todo, siempre vas a tener un beso más para mí. Tú eres la razón de mi existencia y el solo pensar en no estar un día junto a ti, me hace plantearme sí la vida tendría sentido alguno. –Me sequé las lágrimas con el dorso de la mano sin poder creer que todas esas bellas palabras hayan salido de la persona que tenía enfrente. –Es por eso que te voy a pedir un último favor y quiero que tú más sincera respuesta.
-Lo que sea. –dije con las pocas fuerzas que me quedaban.
-Te pido que te des vuelta y mires hacía abajo. –dijo soltándome y colocando sus brazos al costado del cuerpo.
Giré y de a poco fui bajando la vista hasta la arena debajo de nosotros. De la sorpresa, trastabillé.
“¿Te casarías conmigo?”
Estaba escrito en la arena con muchos caracoles. Llevé mis manos a mi boca y di vuelta nuevamente para encontrarme con Danny arrodillado a mis pies sosteniendo una cajita abierta con un gran anillo dentro.
-¿Qué dices? –preguntó con una sonrisa. –Quiero tener un hogar junto a ti. Tener hijos y darles todo lo que yo no pude tener. Yo los malcriaría y tú serías la mano firme de la casa. Quisiera tener un gran jardín, para que nuestros nietos puedan corretear por ahí y así yo no me ponga nervioso con que toquen mis instrumentos. –reí. -¿Qué dices? ¿Aceptarías a este descarrilado por el resto de tu vida? Prometo nunca hacerte infeliz y amarte para siempre, y sí hubiese vida después de la muerte, te amaría aún también. Solo déjame hacerte feliz. Déjame vivir a tu lado por lo que queda de nuestras vidas.
Estiré mi mano para agarrarlo del cuello del saco e hice que se levantara. Con la mano que me quedaba libre, tomé la caja que guardaba el anillo y la cerré lentamente. Lo miré y pude ver que la confusión se asomaba en su rostro.
-Te puedo asegurar que no va a haber persona que te ame más de lo que yo lo hago, te apuesto mi vida entera, a que no vas a encontrar a una sola mujer la cual esté más dispuesta a entregarse a ti como yo lo estoy. –acaricié su mejilla. –Adoro cada minúsculo detalle de la vida que planeaste para ambos pero ¿No crees que aún tenemos más aventuras por vivir juntos? No quiero atarte a mí con un anillo, quiero que vivas tu vida, que disfrutes del éxito de la banda. No quiero que dentro de un par de años, yo me haya convertido en la mujer que no te dejó expandirte.
-Nunca lo serías.
-Eso es ahora. ¿Qué pasará dentro de quince años? –pregunté. –Danny, aún somos jóvenes. Tenemos toda una vida por delante. –tomé su cara con mi mano e hice que me mirara. –No te estoy diciendo que no quiero casarme contigo, te estoy diciendo que no ahora. –tomé el anillo de compromiso entre mis dedos y lo miré fijo. -¿Te acuerdas del trato que hicimos aquella noche en el parque donde nos conocimos?
-Sí. –respondió confuso.
-Esto es lo mismo. Me quedaré con este anillo y cuando esté lista, te lo haré saber. ¿De acuerdo?
-Está bien. –dijo finalmente. –Pero tú te me vas a tener que proponer y quiero que sea romántico, que se me afloje todo el cuerpo y termine llorando como una nena. –reí. -¿Trato?
Asentí y lo besé desesperadamente, como sí esa fuese la última vez que lo haría. ¿Quién sabe? Tal vez realmente fuese el último, o tal vez recién era el primero de millones. Nadie sabe que nos depara el futuro, nadie sabe sí mañana seguiremos juntos pero una cosa era segura, esto recién era el comienzo.
FIN.