Smiling won’t hide it: Capitulo 5.
A la mañana siguiente desperté con el desayuno en la cama. Nathan se había dado la molestia de dejarlo en una bandeja con una cajita turquesa al costado y una nota en la mesita de noche.
-Hay, te dejo el desayuno y tu regalo de navidad que no te pude dar ayer en la bandeja, tuve que salir temprano a ver unos asuntos con la disquera. No se a que hora volveré así que te recomiendo que no me esperes. PS: te quiero enana xxxxxxxxxxx PS2: ¡¡llámame cuando leas esto!!
Dulce. Esa era la única palabra que tenia para él en este momento. Pienso que nunca antes me habían dejado notas así a no ser mi mamá. Inmediatamente me puse a buscar mi celular para darle una timbrada, hasta que finalmente lo encontré debajo de toda mi ropa tirada.
-Por lo visto ya leíste la nota eh.- escuche desde el otro lado del teléfono. -Si, ¿te han dicho que eres dulce? También te quiero por cierto, mucho.- le dije sosteniendo esas sonrisas que te dan cuando estas enamorado.
-Yo mas enana, estoy justo viendo unos temas sobre el nuevo álbum con la disquera, te pedí que me llamaras por si querías venir en un rato que estaré almorzando por el centro.
-¿Tan tarde es?- voltee a ver la hora que marcaba el reloj dándome con la sorpresa de todo lo que había dormido- Dios… Son 20 para las 2…
-Está bien linda - rio - no te preocupes, estaré llegando dentro de unas horas.
-¿Lo prometes?
-Lo prometo, por cierto ¿ya abriste el regalo?- ¡¡me había olvidado por completo de él!
-Ehhh, pues aun no. ¿Te llamo después si? Lo abro, y gracias por el desayuno, cuando vengas te doy tu regalo.
-Vale, espero que te guste.
Aunque me moría de ganas de saber que había dentro, tome un momento para apreciar la cajilla. Decorada a la antigua, caja de papel tapiz y amarrada por un lazo. Desate el lazo para poder alzar la tapa. En la caja, había un collar plateado, con un dije de un cristal de nieve. Era precioso. Lo saque de la caja para ver que tan largo era, me pare al frente del espejo y me lo puse. Algo en mi sabia que nunca me sacaría ese collar. Por nada del mundo.
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-Al fin llegas.
-No me demore tanto desde que te llame - respondió fijándose en mi cuello, viendo su collar brillando con la luz de la luna - aquí está tu regalo - exclame alcanzándole una caja negra.
-Gracias - suspiro abriendo la caja, sacando el reloj con cuidado haciendo una gesto de ternura - me encanta, lo usare siempre.
-Bien - respondí entusiasmada.
-Te traje algo para almorzar… Pero tal vez lo quieras de cena, digo, por la hora.
-Me vendría mejor. ¿Y si hacemos te y cenamos juntos?
-Suena bien por mí - dijo mientras fue a la cocina, después de haberse puesto el reloj en su muñeca izquierda - ven aquí y ayúdame a preparar algo de comer.
Después de toda la cena, terminamos en el sofá viendo Padre de familia con unas cervezas, hasta que me aburrió y salí un rato al patio a leer mi libro favorito. Estuve así hasta la madrugada, cuando empecé a sentir el frío de Londres. Entre a la casa de nuevo, apagando todas las luces, subí hasta mi alcoba y me lance a la cama, terminando en un sueño profundo.
*** -¿Entonces vas a volver a Nottingham eh?
-Sí, exacto- reí
-¿Te vienes conmigo?
-¿Vas a ir tu también?
-Pues aun no lo sé, - paro un segundo para pensar - no, de hecho si iré, sé que me extrañan y bueno.. Yo a ellos.
-Bueno, ¿que día sales? Yo había acordado estar allá el 29 a más tardar.
-Como quieras… Aun que pensándolo mejor, ¿el 28 suena bien?
-Perfecto- respondí mientras me paraba a darle un beso en la frente de despedida, moviendo los rulos que la cubrían - hasta luego, chimpancé borracho.
-Hasta luego - carcajeo - conejo negro.
Estaba hecho. Le debía el mundo a Jay, por hacerme este inmenso favor de llevarme con él y ahorrarme viajar en tren que me resultaba fatal, aunque siendo sincera, en realidad sentía que me estaba devolviendo el favor de todas esas noches que lo llevaba a su casa a las tres de la mañana, tal vez por eso no sentía esa culpa que se suele sentir cuando alguien te ayuda, o al menos la que siento yo.
Sé que por una parte, podría volver a estar con mi familia pero no solo volvía por eso. Extrañaba a todos mis amigos para ser honesta. Más que nada, entrañaba demasiado a Katie - mi mejor amiga, si así se le podría llamar - y pienso que era porque a ella le contaba la mayoría de las cosas que me pasaban, tenía mucha confianza en ella y obviamente ahora que volvía a mi ciudad natal, pasaría parte del tiempo con ella y con los chicos de nuestra promoción de la escuela, aprovechando mis vacaciones de la universidad, pues sabía que en febrero debía volver a los estudios. Claro que tenía tiempo, pero me abrumaba la idea de volver a las clases y a los estudios. Más que nada, le tenía miedo al fracaso. Otra cosa en la que también tenía que pensar, era el viaje a Los Ángeles. Después de haberlo pensado varias veces, llegue a la conclusión de que iría. Habían ahorros guardados en mi cuenta de banco, ¿entonces porque no podría ir? Sabía que día irían los chicos, - por lo cual debía procurar sacar un pasaje para esa fecha - mas no sabía cuando estaría de vuelta. Nathan me había enredado ya que según lo que él me dijo no debía comprar el boleto de vuelta pues aun no tenia fecha. Tenía planeado quedarse un tiempo más y me pidió que me quedara con él, sería un promedio de una semana o 10 días. Por mientras solo debía procurar conseguir un vuelo ya que en estas épocas, los pasajes se agotaban como pan caliente.
P.O.V Nathan
Escuche el timbre de la puerta sonar unas dos veces, sabía que era Hayley ya que me había dicho que iría a un café con Jay – que estaba invitado, pero no tenia ganas de salir.
-¡Ya voy! - grité desde la cocina, dejando el agua hirviendo en la mesilla.
-Volví- exclamo Hayley dándome unas bolsas de papel.
-Lo note… ¿Que llevas en estas bolsas que pesan?
-Regalos. Para mi familia, ya sabes por la navidad atrasada - contesto sacándose los zapatos mientras se acomodaba en el sillón.
-Ah… Estoy haciendo tortillas, ¿quieres una?
-Dios mío, ¿que haces tú en la cocina haciendo algo que no sea té? –chistó – por favor no me hagas llamar a los bomberos otra vez.
-Muy graciosa, solo fue una vez y fue culpa de la fuga de gas idiota.- respondí ignorando sus risas pequeñas.
-Vale, tráeme una.
-Te la traigo al tiro.
Ya con las tortillas en la bandeja fui de nuevo hacia la sala, encontrándome a Hay desparramada en el sofá, con una expresión de cansancio.
-Aquí tienes.
-Gracias… Quede con Jay para volver a Nottingham el 28 - me comento después de darle un mordisco a la tortilla.
-Suena bien, probablemente el mismo día este viajando a Gloucester.
-Oh por cierto, le traje un regalo a Jess, está en las bolsas que te di en la entrada.
-¿Puedo verlo?
-No… Tendrás que contener tu curiosidad porque esta empacado.
-Como quieras – reí, con un tono caprichoso.
(Fuente: novelas-detusidolos)